LOS SENTIMIENTOS SON ARMAS DE DOBLE FILO

  Los sentimientos son armas de doble filo, puntiaguadas, cortantes. Dos platillos de una misma balanza que combaten por ver quién caerá por su peso. Las caras y las cruces de monedas vigentes o acuñadas en falso. El pro y el contra, el frío y el calor, la oscuridad del día y la luz en la noche.
   Los sentimientos llenan, alimentan y sacian. Limpian y pulen. Engrandecen. Y también nos consumen, nos vacían, nos secan. Nos agrietan la piel de puro miedo, puras contradicciones, de puro ego.
   Sentir nos hace nobles, generosos y dulces. Y crueles, mezquinos y lineales. Nos permite soñar, imaginarnos. Mientras que el pensamiento va expulsando un veneno verdoso que nos mata por dentro y que contagia el alma al contrincante. Que le irrita la piel y hasta el espíritu.
   Porque no hay un amante que no hiera, que no exija y no dude. Que no rabie por dentro. Que no reproche amargas las palabras. Que no confunda el curso de las cosas. Contradictoriamente. De amor. De puro amor amable que siempre se convierte en la cara más tétrica del hombre. Colmillos afilados y las ropas raídas, la faz flácida, ajada, avejentada. Y en la boca, esperando ocasión, terror envuelto en sangre. 
    Armas de doble filo. Salto al vacío. Porque si grande es el corazón que alberga tanto cielo, cabe en su espacio la misma proporción de oscuro miedo.




  

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