VALIENTES

    Ayer leí sobre la valentía. Sobre la necesidad de salirse de los estereotipos de sexo, y de educar niñas y niños valientes, huyendo de los tópicos y enriqueciendo su autoestima. Hoy leo unas palabras que se concretan en la valentía emocional, esto es, en no tenerle miedo a enfrentarse a las emociones, por complejas que sean de encajar. Al cambio, al amor, al fracaso, a los días grises, a equivocarse o a la imperfección de cuanto nos rodea.
   Estaba cantado. Automáticament me dije: "nena, y ¿tú eres valiente?" A ver cómo (me) respondo yo a eso, porque no lo sé muy bien. Una siente por dentro momentos y circunstancias que la aterran, y otros en los que se pone la capa de superheroína o el traje de kamikaze y va a por todas. No sabría decir. O más bien, para ser justa, podría separar aquellas facetas en las que sí lo soy de esas otras en las que tiemblo como una hoja. Defiendo que soy más valiente por dentro que por fuera. Que aunque sé que transmito osadía y seguridad, todo aquello que tiene que ver con el riesgo físico y con la parte más aventurera de la vida me tira hacia atrás. Me deshago en pavor, me muero de miedo y estoy ansiosa por que ese momento pase de largo. Mantengo una relación desequilibrada con el medio, al que considero mucho más fuerte que yo, un titán detentador de un magnífico poder ante el que me siento una insignificante hormiguita. No me despego de la idea de que el peligro está ahí afuera y de que en cualquier momento me va a jugar una mala pasada. En cambio por dentro,... por dentro me lanzo a la piscina sin temores. O para ser exacta, aniquilando mis miedos. Hacerlo es para mí una cuestión de amor propio, un reto que trato de llevar a cabo pase lo que pase. Llego a considerar el no hacerlo como un signo de irresponsabilidad conmigo misma y con mi entorno. No puedo permitirme el lujo de tener miedo a sentir, aunque haya de salir herida. No tengo miedo a amar, sino al contrario, lo mastico y digiero con voracidad. Y me siento plena por ello. No tengo miedo a experimentar nuevas sensaciones, a enfrentarme a nuevos desafíos emocionales. A sentirme comoquiera que los acontecimientos hayan de hacerme sentir. ¿Qué pintamos aquí, si no? Así que creo que sí, que emocionalmente soy valiente, a pesar de soy en extremo sensible y que herirme es muy fácil. Pero aguanto el golpe y le echo dignidad al asunto. Y naturalmente hay sentimientos que trato de evitar o ruego por sortear a toda costa, como aquellos que nos destrozan realmente por dentro; la muerte, por ejemplo. Pero otros están ahí para mí, para darle sentido a todo esto y enseñarme. Mucho. Muchísimo. 
   Como decía antes, la valentía se relaciona con la autoestima. Saco en conclusión, por lo tanto, que la autoconfianza en mis destrezas físicas es casi nula, mientras que la gestión de mis emociones la llevo a cabo con soltura. De ahí que sea mi centro. O quizás por ese motivo lo es. Para que algún día pueda decirme mereció la pena. 
   ¿Te consideras valiente? Porque no hay hoy día demasiados valientes danzando por el mundo que yo habito. Curiosamente a vidas más cómodas, mayores cobardías. Y a esas en concreto me refiero, a esas vidas a las que les vendría muy bien un par de guerras -metafóricas-, que les diesen la vuelta como un calcetín. Y me gustan los valientes, los que saben tirar hacia adelante. Que sienten sus penas, saben hablar de ellas, transmitirlas, diseccionarlas y encajarlas. Los que van a por más y a por más. Para poder seguir adelante. Para poder vivir. Para poder sentir. 







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