PEQUEÑOS ESBOZOS (IV) - Déjame que divague

Déjame que divague, 
que hoy lo necesito y no encuentro postura.

Hace mal tiempo aquí y el clima no acompaña. 
No apacible y cambiante, y hasta contradictorio.
Como tú, como yo. Como todos nosotros.

Salto de la lectura a la escritura en vena, 
de dejarme los dedos en las teclas, la mente en cada letra, 
a dejarme los sueños en vigilia y la vida en lo onírico. 
En cada sueño libro una batalla; ni siquiera imaginas. 
Y sueño intenso, profundo, arrebatado; y sabe amargo, tiene el sabor del apretar de dientes.
Al despertar me miro las heridas y aún me sangra la piel empapada en sudor de la pelea.
Me está llamando a gritos mi interior y casi puedo oírlo.

No me encuentro tranquila, no. No estoy a gusto.
Cualquiera que me observe diría que estoy bien, 
que estoy serena, que mantengo la fuerza y la cordura que me caracterizan.
Y lo estoy, eso es cierto. Y al tiempo sé que no. Algo no marcha.
Algo transcurre en contra del curso de los ríos
que llenamos llorando, pero también amando,
hasta que desbordaron afluentes contrarios.

Algo no marcha en esto, lo sé, puedo notarlo. Respirarlo.
Y es un aire viciado, perfumado de modo artificial,
que no convence. Y mientras esto ocurre
no transpira lo auténtico, la brisa natural
que fuerza las rendijas de puertas y ventanas
para colarse dentro de la piel y exhalar las verdades.


Hace mal tiempo aquí 
y el clima no acompaña,
déjame que divague
de lo falso y lo gris, 
del natural forzado,
y me pinte los labios
de un beso carmesí,
que sepa a lo que quiero,
que no mienta por mí.


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