... QUE HACEN QUE LA VIDA VALGA LA PENA... (II) - Cuatro años después

PRÓLOGO

   Sitúo al lector. Nada en este texto es convencional, pues nace del reto de un fiel lector anónimo con una idea que me entusiasma y que a su vez es fruto de una metáfora del inconsciente. O de una jugarreta de la vida, ¿quién sabe?
   Hace más de cuatro años, mientras atravesaba una de las etapas más oscuras de mi vida, escribí: "... Que hacen que la vida valga la pena". Pasado este tiempo algo hizo que el texto en el blog apareciese en blanco, como si en blanco de cosas buenas se hallase mi ser entonces. Y a resultas de ello se me reta a escribirlo (ver comentario a esa entrada) para ofrecer la versión que me corresponde tiempo después. Y aquí va.
     No parto del vacío, no parto de la nada. Pero parto de ideas intangibles entonces, de fe y de ensoñaciones, de recuerdos de infancia. Parto de mis asideros de aquellos días donde solo la esperanza -nada más y nada menos- sostenía mis horas. Y a partir de aquello, os ofrezco mi hoy.




Julio de 2012



CUATRO AÑOS ATRÁS, 1 de agosto de 2012





...QUE HACEN QUE LA VIDA VALGA LA PENA (I)

El gusto por los pequeños detalles.
El detenimiento y esmero al hacer las cosas.
La búsqueda constante de la elegante belleza.
Las miradas curiosas.

El no conformarse con lo conseguido.
El no dar la espalda a los sentimientos,... propios y ajenos.
La lealtad a los propios deseos.
La valentía ante cada cambio que te ofrece la vida.
Pensar que lo que está por venir será mejor que lo vivido.

La caricia de tus seres queridos.
El beso recibido mientras duermes.
La mirada clara de quien te lee el alma.
Las manos quitatemores de tu madre (o de tu padre, o de tu hermano...).
La cálida voz del amigo al otro lado del teléfono.
El amor hecho verbo.

Tus ojos. Mis ojos.
Tus besos. Mis besos.
Tus manos. Mis manos.
... y más, mucho más.



Octubre de 2016

HOY1 de noviembre de 2016












...QUE HACEN QUE LA VIDA VALGA LA PENA (II)

El gusto por los pequeños detalles...
   ... como esa conversación tonta riéndome de mí misma, ese café terapéutico excusa para charlar durante horas, o esos margaritas de sábado noche entre amigas brindando por el amor.
     
El detenimiento y esmero al hacer las cosas...
   ... mis papeles de clase, confeccionar un bolso, el diseño de mi blog, cada papel que escribo, un regalo de Navidad preparado con meses de antelación, mi casa, una canción, escoger un libro,... etc, etc, etc,...

La búsqueda constante de la elegante belleza...
   ... en mi aspecto, en mi ropa, en los ojos con los que miro, en los rincones de mi casa, en las flores que compro, en el tono de mi voz, en la forma de apartarme el pelo cuando hablo, en la entrega de mis sentimientos.


Las miradas curiosas...
   ... esas de por la calle cuando cruzo el paseo, o las de mis alumnos cuando les doy mis clases, o aquellas de deseo dudosas de qué quiero.

El no conformarse con lo conseguido...
    ... siempre una mejor clase, siempre una mejor vida, un mejor entenderte, un mejor dar amor, una mejor palabra y hasta un mejor enfado; ese mejor artículo y ese mejor poema; y muy especialmente una mejor mujer, más paciente y empática, con más fe en ella misma y en lo que representa.

El no dar la espalda a los sentimientos,... propios y ajenos....
   .... el saber lo que quiero y el saber a quién quiero, no renunciar a ello, el no rendirme nunca, el buscar otros modos, el entender si hiero, cómo hiero, por qué hiero y a quién, el pedirte perdón, el ofrecer mi mano y mis gestos de niña.

La lealtad a los propios deseos....
   ... a ser feliz amando, a ser madre si tercia, a  compartir mi hogar, a publicar mis libros, a seguir escribiendo, y enseñando, y sintiendo, y pensando sin tregua. Que esa soy yo. Sin duda.

La valentía ante cada cambio que te ofrece la vida....
   ...al llegar ese amor, al no saber vivirlo o no saber dejarlo, a entenderlo tal vez, a aceptarlo de nuevo. A ese nuevo trabajo donde has de comenzar a buscarte tu hueco con la misma ilusión y más sabiduría. A pasar los cuarenta y ver que hay cosas nuevas y algunas no llegaron. A saber adaptarse a las nuevas costumbres y a nuevas aficiones, nuevos gustos.

Pensar que lo que está por venir será mejor que lo vivido....
   ....porque ahora ya sé más, aunque no sea inmune. Que seguirán pasándome esas cosas, las mismas, pero sabré elegir y no ahogarme en las dudas; o bien canalizarlas y no ahogarme en los llantos. Que sigo construyendo y podrá ser mejor por ser nueva la imagen. Que a peor ya no vuelvo, eso es seguro. Que aprendí la lección.

La caricia de tus seres queridos.
El beso recibido mientras duermes.
La mirada clara de quien te lee el alma...
   ... la tuya, aun con las dudas,
Las manos quitatemores de tu madre (o de tu padre, o de tu hermano...)... y las de mi pequeña, mi pequeña niñita, mi pequeña sobrina; cuando juega conmigo, cuando me abraza... ¡tíaaaa!, cuando viene a mi cama de mañana tan solo a despertarme.
La cálida voz del amigo al otro lado del teléfono.

El amor hecho verbo....
   ... o hecho piel, o hecho olor. El pensarte de lejos. El haber renacido, haberte conocido y haberme hecho sentir, aun con conflicto. El amor hecho risas y hecho llanto. El amor en tus manos y en mi boca al descubrirme a ti y decir lo que siento. El amor que perdura. Y el no reconocido. Y el negado también, para quitarte culpa y saberme mejor. Para que no me sufras, para que no te sientas responsable de mí y que vueles sin pena. El amor que se escapa o puede retenerse. El que irá a la deriva y el que nunca sabrá marcar su rumbo, pues dirige sus pasos sin planear los días, simplemente viviendo. El amor hecho nombre. El amor hecho tú. Con tus rasgos, tus fallos y con tus mil defectos. Y tus tantas virtudes. Con lo especial en ti, aquello que hace tiempo te dediqué en mis letras. El amor hecho yo y no dejado entrar en lo profundo. El amor más sincero, eso es seguro.

Tus ojos. Mis ojos....
   .... cuando bailan o hablan, cuando ríen, discuten y hasta lloran por ambos, por si esa noche fuese la última que habrían de mirarse entre sí.

Tus besos. Mis besos....
   .... nada que ver con esos que se ofrecen por dar. Que queman en los labios y conectan los cuerpos. Que proceden de ti. Que proceden de mí. Que se funden sin más, sin poder evitarlo. Que fueron de ilusión. Que pusieron las ganas antes aún incluso de unirse unos con otros. Que gritaron reproches y besaron de nuevo, por pasión o por sed, eso no importa. 

Tus manos. Mis manos....
   .... por fin una caricia coherente. Que tocaron la piel, pero mejor aún que acarician la mente y hasta el alma. Que se ofrecen ayuda si hace falta. Que se tienden al otro. Que tiemblan de pavor si no te tocan. Que claman una noche, si no estoy. Que podrán ser posadas por un rato en lo extraño, mas no será lo mismo, no saltarán las chipas de igual modo.


... y más, mucho más.
   .... que no cabe en lo escrito. Que no cambio ni un día, salvo lágrimas que bien pudieron ser fácilmente evitables. Que no siempre se encuentra uno con quien lo admire tanto, con quien lo quiera bien, con quien se entienda al punto y... que no cabe en lo escrito.




EPÍLOGO

Realmente, aunque deje en girones una parte de mí, hace que la vida valga la pena. Que he llorado escribiendo este texto, ¡lo juro! Que creo absolutamente en todo lo que he escrito y que así lo siento. Que mi camino no ha sido fácil, no lo es, y al tiempo es el más rico y más dulce.  Que me siento con suerte y muy querida, aunque sufra de amor y crea un despropósito perderte.



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