PEQUEÑOS ESBOZOS (VI): Sobre ti escribo

  



    ¿Te he dicho alguna vez que me encanta escribir sobre ti? Pues sí, y te lo digo: me encanta. Desde que te conozco he triplicado mis ansias de escribir. También la necesidad, sí, lo confieso. Una mezcla entre una mordida en la boca del estómago y un resquemor en la punta de la lengua. Conociéndote seguramente me preguntes por qué. Por qué necesito escribir más desde que te conozco, aunque la respuesta es muy clara: porque estoy llena de sensaciones, emociones, pensamientos y sentimientos que se me escapan por las costuras del cuerpo. Se me escapan, se pelean por salir y yo les dejo. A decir verdad, tampoco intento contenerlos, ni esconderlos, ¡qué va! Les dejo que rebosen, e incluso los ayudo a brotar, colocándolos de un empujón ordenadamente sobre el papel. Por lo tanto, ahí lo tienes. Desde que te conozco siento más, luego escribo más. Acuérdate que te lo dije hace tiempo ya,  que te hablé de las buenas influencias y de su fuerza, así que ahora no te lleves a engaño. Ah, y añado algo importante; no sé si sabes que un escritor tiene como primera intención la expresión de sus sentimientos más íntimos, esto es, ofrecer una parte de sí, lo más privado y más relevante en su vida. Por lo tanto, suma dos y dos: cada vez escribo más; y escribir es parte de mí; Luego si escribo sobre ti es porque eres, indisolublemente, una parte de mí. Y no se puede hacer nada para remediarlo. Y que sepas que es un atraco a mano armada, con un regusto de voluntario masoquismo y un gran gusto a secas.







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