¿QUÉ VOY A HACER CONTIGO?






¿Qué voy a hacer contigo?, dime. 
¿Dime qué hago?
O no, mejor espera.
¡Calla!, no digas nada.
Ya te lo digo yo.

Podría hacer mil cosas. Mil.
Mil y otras cuantas.

Puedo hundirte en el mar
y, atado el cuello a un lazo
y a un saco de recuerdos,
mirar cómo naufragas lentamente
mientras te digo adiós.

Puedo hacer que no existes,
fingir no conocerte.
Y pasear los días sin recordar tu nombre,
sin recordar tu cara.
Aunque al llegar la noche 
a la mínima brisa que me evoque tu olor,
dudar . Y confundirme. 
Y no saber si sueño o es que aún estoy despierta.

Puedo morderte el cuello
y extraerte la sangre
que a veces no te brota.
O llevarme un poquito entre los labios
y no secar la huella para que su sabor,
su calor y espesura
me sepan a tus ganas desatadas.
Que son muchas.

Puedo pedir factura.
Y daños y perjuicios.
Y rehabilitación. Y subvenciones varias.
Puedo pagar también 
alguna que otra tasa que así me corresponda.
Y quedarnos en paz.

Puedo dejarte ahí. Como si nada.
Y quedarme muy quieta junto a ti.
Y borrar esa cuenta. 
Y no decirnos más, solo vivir.

¿Qué voy a hacer contigo? 
Podría hacer mil cosas.
Morir en el intento 
o desplegar mis alas y volar a otros cielos.
¡Qué más da lo que diga!,
¡qué más da qué decida!
Si la cosa está clara.
Confusamente o no.

¿Qué voy a hacer contigo?
Ni siquiera lo sé,
aunque tampoco importa.
Que teniendo el poder como tenemos,
hay cosas que se escapan de los entendimientos.
Que al final caen los dados y toca decidir.
Que se enreda el sentido, que se siente el pensar.
Que yo pienso contigo, nunca lo hago por ti.

Pero no se te olvide
que lo que haga contigo,
pese a que no sé nada, 
también lo haré conmigo.


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