DE SERES BELLOS A SERES HERMOSOS




   

   Hay una gran, y a la vez sutil, diferencia entre la belleza y la verdadera hermosura. No depende del número de rasgos perfectos, ni de la cantidad de cánones que se cumplan. Depende de una cuestión de actitud, de unos modos de entender las cosas, de verse a uno mismo y de saber ver a los demás,  escasas bendiciones que se alcanzan con el tiempo. Si es que se alcanzan, claro. Todo ser hermoso ha sido previamente bello, pero esa condición no se dará a la inversa, pues habrá quienes nunca se eleven a ese otro estado.

    Alguien bello gusta a muchos, sabe de sus condiciones y virtudes. Externas e internas. A su paso la gente se gira a mirar, se para a escuchar. Su compañía es grata. Y ese ser se siente justamente satisfecho. Aún así, alguien bello necesita pararse de cuando en cuando a observarse en el espejo con reticencias. Rostro y alma. Y hace recuento. Y se remira. Y se analiza. Y se observa con detalle, tratando de mejorarse. Y se concentra en su autoanálisis. Piensa en sí mismo y en aquello que le perjudica, que le beneficia, que no hace bien,.... Sin embargo, alguien hermoso ya dejó todo eso atrás. Alcanzó su hermosura el día en el que dejó de obsesionarse consigo mismo, con sus fallos, con sus problemas, con sus dolores, con sus heridas,… Tal vez no cumple tanto canon, tanta perfección, pero es, aun sin pretenderlo, un verdadero imán del que difícilmente puede separarse nadie. Pura alquimia. Y es que el hermoso comenzó a admitir la vida como es y a agradecer todo aquello que había en su camino. Aprendió a admirarse a sí mismo, porque empezó a fijarse en los demás. Sí, en los demás. Exactamente así. Miró hacia afuera, como excepción, minimizando así sus propios asuntos, y perdiendo por lo tanto la obsesión por sí mismo. Se encantó y aprendió a mirar mucho más allá de sí, actitudes que se notaron pronto tanto en la expresión del rostro, como en las formas con los demás. Elegancia interior y delicadeza máxima. Comprensión del mundo, desaparición de la amargura y en su lugar, el nacimiento de un halo de aire tranquilo. Y con todo ello,... la hermosura vino sola



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