ÚLTIMAMENTE NO SOPORTO LOS POEMAS DE AMOR





      Últimamente no soporto los poemas de amor, las cartas de amor, las citas amor, las palabras de amor. Que me sacan de quicio sobre el papel en blanco. Me parecen lugares comunes inflados a golpe de euforia caduca, intenciones con fecha límite, sobrealimentado ego, cimientos embarrados y grandes dosis de dramatismo. Palabras con aires de grandeza y poca realidad en qué basarse.

… La bella, ¡oh la más bella! 
Tú, apasionado y único.
 ¡Oh, profundo amor!, ¡desamor desgarrador! 

Y suma y sigue…

    Ególatras con aires de grandeza, afán de protagonismo y necesidad de gloria. Ni nuestro amor es el más puro e intenso, ni nuestro desamor el espanto más oscuro. No morimos ni agonizamos. No tocamos el cielo con las manos. Tampoco los poetas. Ni los que escriben los pies de aquellas fotos que exaltan su entusiasmo compartido. Ni quien compuso aquella carta dejándose llevar por las novelas devoradas o las películas con final feliz. Al final, los poemas de amor son tan solo un intento por preservar lo que ya sabemos se extinguirá algún día. O destapará los más sórdidos defectos, despropósitos varios y ataques viles. ¿Y los de desamor? Esos son un despecho, una llantina, una pataleta infantil que nada soluciona y con efecto de corta duración. Pero no solucionan. Ni divinizan. Ni engrandecen. Ni te abren en canal. La vida de los otros seguirá su camino. Y la tuya también.

    Últimamente no soporto los poemas de amor… Están llenos de ingenuos que no tienen idea de qué supone amar. Son solo arte maravilloso. Belleza en estado puro. Pero faltos de valor para traspasar la frontera o bajar a la arena o luchar cuerpo a cuerpo. Les falta vida. Les faltan dimensiones. Les falta ese sentido que todo simplifica. Pero, ¡qué se yo de estas cosas! Yo solo siento, leo, escribo sin fronteras.






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