EL AMOR (NO) MUEVE MONTAÑAS







     ¡El amor todo lo puede!, ¡el amor mueve montañas!,… ¡el amor…! El amor por sí solo,... nada de nada. Mentira cochina. Por mucha venta del asunto que se nos haya hecho, el amor es un sentimiento que requiere del mismo trabajo, esfuerzo y atención que cualquiera de las demás emociones derivadas de las relaciones personales. Una cúspide que ha de reposar sobre tres bases de equilibrio, porque no nos engañemos: ni es omnipotente, ni mueve pesos inertes. Yo he intentado mover montañas, dar la vuelta al mundo y ponerlo del revés. He intentado quemar el hielo. A golpe de amor, de mucho amor. Sincero, altruista, generoso, desinteresado, leal e incondicional. Errado a veces, claro, pero del bueno. Nada de eso de las pelis rosas. Pero el amor no es suficiente, ni vale con echarse a dormir sintiendo. Necesita de muchísima comunicación, efectiva, clara y bien interpretada. Sin adulterar y sin viciarse. Y por supuesto, completa y sin censurar. Así que ya tenemos el primer bastón, porque sin poner encima de la mesa cada sensación, sin callada por respuesta ni respuesta políticamente correcta, mal vamos. El segundo apoyo es la perspectiva, un correcto enfoque de quiénes somos realmente sin que el otro se haga ideas erróneas. Para bien y para mal. Ni es el enemigo, ni es quien nos procurará algún daño, aunque nos falle. Barreras abajo, pues. El tercero es la ilusión limpia para disfrutar de la relación en su estado más puro. Sin medir, sin tasar. Tal y como se relacionan los niños, desinteresadamente y sin desconfianza. Tres apoyos básicos sin los cuales el amor es un fiasco, papel mojado para tirar por el retrete y tirar de la cadena. A la vista está. Nos perdemos constantemente como si las personas fuésemos sustituibles o reembolsables. Descorazonadoramente. Batalla perdida para mí y fuente de infinita tristeza. Y es que no hablamos el idioma debido, ni con la efectividad requerida. Y perdemos la perspectiva. Y desconocemos al otro. Y caminamos desilusionados por miedo a la ausencia y al abandono, al engaño y a la traición.
Esperando a que nos decepcionen. Esperando a decepcionar. Esperando a que se acabe. Esperando a que se vayan. Así que no, el amor no mueve montañas, ni lo puede todo. Y esa es una de las mentiras más inmensas y peligrosas del mundo de las emociones. Fuente de contrabando para el terrorismo emocional. Pero esa contienda, la de dilucidar el verdadero amor, también es otra de mis batallas perdidas.



Y al final, tanto tratar de mover el epicentro del mundo,
fue el mío el que se puso del revés. 
A base de amor, eso sí es cierto.




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