HAY HISTORIAS QUE NUNCA SE SUPERAN

    



     Hay historias que nunca se superan. Lo creo de veras. Podrá superarse el dolor inicial, a la persona, el amor y el desamor, la decepción, la ruptura y la pérdida, la ausencia,… Podrán desaparecer las malas vibraciones y el mordisco procedente del sentimiento en sí y de la persona en concreto. Pero eso no significa que se supere la historia. Puedes olvidar, dejar de amar a alguien, desenamorarte. Puedes dejar de necesitar el vínculo que tuviste o reclamabas y dejar de sentir con esa intensidad. Puedes incluso enamorarte de alguien más y amarlo con locura. Pero no, no significa que se supere la historia. 
     Porque hay historias que provocan marcas y huellas vitalicias. Ya no duelen, pero se perciben. Te permiten seguir adelante, sí; pero se notan. Y es que simplemente aprendes a vivir con ellas a tus espaldas. Convives con sus enseñanzas. Y de veras que sabes que… que no. Que jamás. Que todo quedó muy, muy lejos. Y lo entiendes y lo interiorizas. Llevas haciéndolo desde hace mucho, además. Y no hay ni rastro de duda. Y de veras que ya no sientes nada de lo hubo un día. Pero al hablar de ello, dos lágrimas enormes te ruedan por las mejillas y se te encoje la garganta. Y alguien te pregunta si es que volverías atrás o si sigues sintiendo por… Y tú respondes con una negación rotunda y absolutamente verdadera. Y te creen a medias. Pero es que no entienden que hay historias que nunca se superan y que con solo recordar un dato, una conversación o un acontecimiento dolorosos, rememoras lo que sentiste cuando te partiste en dos. Y que fue tan grande el dolor que solo evocarlo despierta tu llanto. Recordar de uno mismo cuánto pudo llegar a sufrir, refrescar esos días, es un amargo ejercicio. Y lo será para siempre. Hasta la muerte.
   Así que toma nota, porque si te ocurre eso, ya puedes identificar las historias que nunca superarás. Nadie puede superar haberse estrellado contra el suelo.




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