LA PREGUNTA CLAVE DE NUESTRA HISTORIA

Una clave, una llave para todo el misterio. 
Limpia, llana y concisa. 
Sin gota de maleza. 

   Lo interesante habita casi siempre no en las respuestas hechas, ni en soluciones dadas, sino en lo que se calla. La clave de las cosas, el punto de medida se hallará en la pregunta. Poco te he preguntado lo que habría debido. Nunca me has respondido el quid de la cuestión. Porque lo ignoras. No sabes la respuesta, ni sabes qué se esconde. No lo ves. No lo oyes. No lo entiendes. Ni crees. Pero de haber sabido, habrías colocado cada punto en su sitio. Y eso lo cambia todo, pues pase lo que pase encajará las piezas de este rompecabezas. Tal vez se te dé bien encajar algún puzle. Cosa certera. Tal vez unas las caras de ese cubo cromático que yo veo imposible. Y eso es bien cierto. Desentrañes misterios algo detectivescos. Sí. Tal vez tengas visión. Y sí, la tienes. Mas lo que a mí compete, de eso nunca has sabido lo que se haya de fondo. Sota, caballo y rey. Y yo no encajo. No me parezco a nada de lo que has conocido, bailado, controlado. Demasiado distinto. ¿Por qué habría de ser?

  Hoy te entrego esa llave. Te lanzo una pregunta, una cuestión sencilla, pero de corte inverso. Si logras responderla, habrás ganado el juego. Y al menos obtendrás la explicación sencilla, el porqué natural de qué es lo que pasó...
   Podría preguntarte qué tengo yo a tus ojos. Dónde se haya mi imán. Qué es lo que echas de menos. Qué es lo que necesitas. Qué mantendrías siempre. Qué salvarías pues. Dónde está mi diamante. Qué es lo que de mí duele…. Podría. Pero sería fácil la respuesta. Y ya oída. Podría preguntarte todo eso. Pero no voy a hacerlo. Eso no sirve. Ya lo hice en un pasado más o menos remoto, más o menos cercano. Ya me dijiste entonces. Ya sabemos los dos.
   Podría preguntarme en silencio, a mí misma, más o menos idénticas cuestiones. Dónde se haya tu imán. Qué es lo que echo de menos. Qué es lo que necesito. Qué mantendría siempre. Qué salvaría pues. Qué es lo que de ti duele. Y tu diamante en bruto. Podría. Pero sería de nuevo retórica pregunta, cuyas respuestas ya me sé de memoria. Ya me conozco bien. Y ya has oído todo.

    Podría. Todo ello. Pero no. La pregunta no es esa. La llave no está ahí. La cuestión de la historia está dentro de ti y es muy privado. Está en qué es lo que sientes tú , sincera y hondamente, que a mí me ha mantenido. Encendida la llama, despierto el sentimiento. Qué admites aportarme. Qué crees que yo vi. Qué pensaste tener que yo quería tanto. ¿Podrías responderlo? Te retaría a ello. A plasmar en palabras qué es lo que tienes tú. No lo que yo te he dicho, ni frases regaladas al oído, ni elogios, ni piropos; sino lo que tú sabes con certeza que eres para mí. No para nadie más, tan solo es humo. Sino frente a mis ojos, a una mujer así, a esta que tú conoces, con la que no resulta fácil el acertar. Te retaría a ello, sí. Y no tienes ni idea. Francamente lo dudo, porque nunca lo hiciste. No creo que pudieras responder la pregunta. Ni creo que pensaras profundamente en ello hasta este día al menos: “¿Qué es lo que tengo yo que a esta mujer la envuelve? Nunca te has atrevido. No sabrías decirme por qué tú y de ese modo. Y sin ello, cielín, no entenderás la historia.











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