LAS PALABRAS MÁS BONITAS TE DAN EN LA CARA


¿Que qué palabras me gustan? ¡Uff, es un conflicto! A ver cómo explico el quid de mi cuestión. Ni grandes, ni pequeñas. Ni en tinta de un color determinado... Pero sí, naturalmente que tengo mis preferencias.

Si voy a pasar páginas que sea organizadamente. De izquierda a derecha, como en el alfabeto latino, pero es lo de siempre. De derecha a izquierda, así como en el árabe, aunque no sé si sepa. Empezando por el principio y en orden cronológico como la narración lineal, más de lo mismo. Directamente al grano, es decir, in media res, pero yo no estoy lista. Desde hoy y retrocediendo hasta los orígenes, o el arte de la analepsis, ¿cómo has llegado aquí?...
No hay orden que me deje tranquila, puesto que no hay tranquilidad en ningún orden. Que no me sirve.

Pero es que tampoco me rinde tener la gramática a mis pies…, porque…
A media luz, casi no veo. 
Ante… anteojos necesito. 
Bajo presión,… ¡que no me entero! 
Cabe la posibilidad de que no me guste.
Con compañía, me distraigo.
Contra todo pronóstico hay finales que infartan.
De un solo personaje no me fío.
Desde mi infancia tengo una sola obsesión.
Durante algún tiempo me gustaron los cuentos de misterio.
En una noche puedo devorar la historia y tirarla al fuego.
Entre las páginas se esconden las miserias de todos.
Hacia la mitad ya sé cómo acabará todo.
Hasta que no acabo no doy mi veredicto.
Mediante la lectura conozco más del mundo. 
Para no aprender, mejor no compro el libro. 
Por si no lo has leído me quedo calladita.
Según la cara que ponga, sabrás cómo termina. 
Sin sustancia ya puedes llevártelo a tu casa.
Sobre mi estantería hay una docena de páginas raídas.
Tras mis palabras se encuentran mis deseos.

No me decido, no. Aun en la punta de la lengua.


¿Que al final no te he dicho cómo me gustan las palabras? Es verdad, no lo hice. Pues verás, de frente. A mí me gustan de frente. Como la vida. Sin rodeos, anticipaciones, ni dobles sentidos. Sin finales abiertos ni juegos del lenguaje. Me gustan de frente. Como soy yo. Igual que la luz que entra por mi ventana para despertarme en pleno día. Llego, abro por la primera página, leo, leo, leo, leo,…. y de pronto volteo la contraportada. La aprieto contra mí y lo pienso un rato. De frente y frescas. Palabras que sacudo del polvo de la calle. Claras y cristalinas. Abiertas en canal. Sobre la tinta, impresas en papeles de distintos grosores. Y que huelan a sangre. Con cuerpo propio. De frente y en la cara. Que se vean venir. ¡Qué gran historia! Que no hay literatura de los grandes que no cumpla ese principio. Voy a releer un rato esos ejemplos y a recrearme feliz entre sus dedos. 





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