PEQUEÑOS ESBOZOS: Mirando hacia afuera

    

   

     Tras cuatro días lloviendo sin cesar hoy el sol trata de colarse entre los huecos de las persianas. Me quedo absorta mirando hacia la calle, distraída, pensando en mis cosas. Sintiendo mis cosas.  Consciente como soy de que si ni siquiera la naturaleza es estable, si ni siquiera el día mantiene lo esperado, poco podemos pedirle al ser humano que camine siempre en línea recta. Somos un juego de cristales poliédricos, que cambian al influjo de la luz y completan una gama de tonos versátiles, brillantes o mates, fríos o cálidos, dependiendo del sol que entre por esa ventana. Mirando hacia afuera me veo pequeñita, me doy cuenta de que hay todo un mundo exterior que sigue girando, con sus días y sus noches, sus buenas acciones, sus malos rollos. Que aunque para mí mi mundo es el todo, resulta tan insignificante para el resto, que poco importa lo que yo haga. Mi poder de decisión, mi capacidad de actuación alcanzan tan solo donde llega mi vista. No mucho más allá. Como nos pasa a todos, por más poderosos que nos creamos. Sabios, listos o audaces. Y sin embargo, podremos mover de su posición tan solo una de las fichas del dominó que conforma el tablero de nuestro día a día. Empujamos una y esa moverá la siguiente, esa a la contigua, y esa a otra,… y así sucesivamente. El resultado final poco tendrá que ver con la fuerza inicial de nuestro dedo índice, y mucho con la influencia que entre sí ejercen los distintos movimientos. Mirando hacia la escasa luz del día me siento lo que soy. Una mujer tan solo, con ganas de comerse el mundo y de cambiar las cosas cuando no marchan bien. Pero sé que no puedo, más allá de unos límites diminutos y escasos. Y eso no está tan mal, me digo. Porque dota de libertad, de potestad y de libre albedrío al resto. Así han de ser las cosas, aunque a mí no me gusten. Así seguirán siendo. ¿Y el futuro? Poco sé del futuro, yo, que tanto me equivoco y tanto acierto a un tiempo. Tan solo sé quién soy al mirarme por dentro. Allí afuera quién sabe.


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