NO ERES QUIEN DICEN QUE ERES. NO LE CREAS A NADIE





      No eres quien dicen que eres. No eres ese ser que describe tu familia. No eres el que cree tu madre, mucho menos quien dice tu padre. Ni eres eso define tu pareja, ni tus hermanos, ni tus hijos. En absoluto tus exparejas. Tampoco eres el amigo de tus amigos, quien cuentan tus compañeros de trabajo, ni quien describe con todo delicado detalle el que te hace terapia un par de tardes al mes. No eres ninguno de esos. Tal vez te pareces en algunos de esos aspectos, pero ese no eres tú. Y sin embargo, constantemente estás escuchando una nomenclatura identificativa, un conjunto de rasgos caracterizadores de tu personalidad que te ubican en el mundo. Todo el mundo parece tenerlo claro y como tal lo aceptas. Y te dices ser eso. Pero yerras el tiro. Así que ni siquiera eres quien tú dices ser, porque al hablar de ti mismo, tus palabras son solo el eco de lo que has oído de boca de los demás. Y me dirás: “¡pero es que yo me siento así!, siento que soy de esa manera”. Ya, ya lo sé. Pero repite una mentira mil veces y se convertirá en verdad. Todo el mundo acaba creyéndola, incluido tú mismo. Te voy a poner un ejemplo. Cuanto yo te defino, cuando establezco un rasgo de ti en un momento dado, no es a ti a quien retrato, sino que estoy reduciendo mi visión a unas circunstancias muy específicas y a tu reacción a ellas. Y no solo eso. Cuando te digo que eres de un determinado modo, estoy contaminando esa lectura al pasarla por mis propios ojos y exponerla a la influencia de cómo me he sentido yo ante aquella circunstancia concreta.

    Así que no te creas nada de lo que te diga nadie. Ni siquiera las voces expertas. No digo que no sepan lo que hacen, no. No es eso. Lo que digo es que esas realmente no te están dibujando a ti, no te dicen quién eres, qué eres o cómo eres. Te estás mostrando únicamente un listado de cuáles han sido, si acaso, algunos de tus comportamientos. Aquellos que tú mismo has seleccionado contar, en función de lo que te preocupaba y te chirriaba por dentro, porque esas características no acababan de casar contigo. Preocupación aquella, por cierto, derivada en parte de lo que oías que de ti decía el resto; tampoco te olvides de eso.  

    Tú sabes quién eres. Lo que quieres. Lo que te gusta y lo que te disgusta. Lo que te hace perder la noción del tiempo y abstraerte de lo triste. Lo que te sube el espíritu sin lastres. Sabes dónde no eres tan bueno, ni tan brillante. Dónde no has estado a la altura, ni eres tan perfecto. Ni falta que le hace a nadie. Ni siquiera a ti. Porque no eres quien dicen ser, ni quien tú crees que otros esperan que seas. No eres quien esos que mejor te conocen cuentan. Tú sabes quién eres. Y si hay algo que lo eclipse, que no te deja verlo, no algo que esté en ti. No es de tu interior, sino que son palabras que sobrevuelan en tu mente oídas de bocas extrañas. Extermínalas. Ellas no saben nada. 



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