SOÑANDO




    Siempre me ha gustado soñar. Dormida y despierta. En ambos casos me encuentro con el momento de mayor sinceridad conmigo misma. Dormida se me aclaran las ideas, transfiguro las dudas, lo confuso. Cuando no sé qué significa algo, unas palabras simples o un gesto sencillo. Cuando no sé por qué es que pienso tanto en un asunto tal o una persona cual. Por qué no encuentro el modo de resolver con timo un enigma cualquiera. Entonces duermo. Y sueño. Y allí toma sentido. Un sentido especial, eso es verdad. Descifrable con mimo y con paciencia. Pero toma su forma y me es sincero. En sueños es también que me enfrento a temores porque allí toman forma, cara y cuerpo, textura, olor, tamaño. Allí sé si es posible vencerlos y me doy cuenta de si son para tanto o son tan solo una inseguridad mía, pequeña y combatible. Abatible con suerte. Y lo llevo conmigo a la vigilia. Así como en las noches de mayor paz conmigo, me dibujo el camino que quiero transitar. El camino, el por dónde, en qué, cómo y con quién. Soñar dormida me es clarividente. Pero, ¿y soñar despierta? Es ese acto algo que no quiero perder hasta que muera. Sueño despierta con mejorar las cosas, con aprender un poco cada día de quién soy y qué soy. De conocer mejor y más profundo a quienes me rodean. Sueño con aportar y con nutrir a quien hace mis días luminosos. Sueño con que me vuelva necesaria -diría imprescindible, pero no quiero eso por su bien-, tan solo por mi esencia. Sueño con no dejar jamás de tener fuerzas para luchar por aquello que amo, y sobre todo seguir notando en la boca del estómago que eso me sale solo, con el arranque de un vuelo en pleno cielo. Sueño con no dejar de amar(te) nunca. Con siempre ser amada. Con que mi mano sirva de fuente de calor, sin más doblez que ese que es el sentir el tacto de mis dedos y sonreír por ello. Sueño con que nunca me falte a mí ese abrazo y que yo pueda darlo. Sueño con que la gente con alma siga existiendo a pesar del fracaso o de las decepciones. Sueño que con trabajo se bosquejan las cosas de la vida que sí son importantes. Para después vivirlas, creyendo aún en ellas. Para siempre soñarlas. Dormir soñando. Soñar en vida. Vivir soñando. 




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