AÑO NUEVO: 0 PLANES y 6 PROPÓSITOS

    En unas treinta horas termina el año. ¿Tengo planes para el nuevo? Absolutamente ninguno. Así, como lo cuento. Y que me lleven a juramento, que saldré absuelta. Que no me da la gana, que no quiero, que eso de planear para no cumplir ya está muy visto, y que estoy en otra onda.
    Me la trae completamente al pairo que mañana sea 31 y que sea diciembre. Que podría ser 5, 12 o 23, del mes que sea, y de tener planes serían igualmente lícitos en cualquier fecha. Que como ya comenté, el esoterismo lo dejo a un lado y lo sustituyo por hechos tangibles y fehacientes. Que el movimiento se demuestra andando y que, por tanto, la fe la dejo para las religiones. Y que los planes que haya de llevar a cabo no son más que la prolongación de los que hoy ya tengo en marcha y/o en mente. Y... ¡vive Dios que los tengo en la cabeza! Que lo que ha de avanzar es porque ya lo inicié -que bastante trabajo puse ya en ello-, y lo que ha de ultimarse o acabarse es porque no hay forma humana de impedirlo. Que quienes están en mi vida es porque tienen que estar, porque bien saben y mil veces les hice saber que yo los quiero conmigo y me quiero con ellos; y, naturalmente, porque ellos hacen por quedarse y demostrarme que quieren también. Lo demás va a rodar. Y que el tiempo haga también su labor. 
    No tengo planes para el nuevo año. Al menos no planes novedosos o neonatos. Lo que sí tengo es algún que otro propósito, también con ciertas dosis de continuidad. Y me digo:


  • Uno: Cuenta solo con el día de hoy, que mañana puede cambiar todo, incluida yo. 
  • Dos: Ama profundamente -yo ya sé cómo-, y comienza por ti.
  • Tres: No pierdas el tiempo, aprovecha cada segundo y déjate de castillos en el aire. 
  • Cuatro: Valora (y valórate), en su justa medida; ni escatimando, ni regalando. 
  • Cinco: Pon en práctica la idea de que la vida te da (a ti) oportunidades y que no eres tú quien ha de darle ciento y mil a ella. 
  • Seis: Todo pasa por algo.



Treinta horas para el año nuevo. 
Que ya me encargaré yo de que sea fructífero.






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