TANTAS NAVIDADES COMO VIDAS HAY

  Es la mañana de Navidad y observo. Tantas navidades como tipos de vida existen. Celebraciones estándar. Celebraciones especiales. Celebraciones neutras. Celebraciones por compromiso. No celebraciones. Observo. Y pienso. Los acontecimientos me certifican unas sensaciones que han estado conmigo de manera intermitente, pero que cada vez han ido tomando mayor sentido. Nada es previsible, nada es como nos contaron y existen combinaciones infinitas de formas de vida. Yo misma he asistido a mi paso desde el orden y la lógica de lo considerado como convencional y habitual, a la aceptación de que existe un cincuenta por ciento -si no más-, de vida nada establecida. Y ahí viene la readaptación. Yo misma llevo ahora una vida que nadie a mi alrededor imaginó. Ni siquiera yo misma. Pero es mi vida y llegar hasta aquí ha sido,...

   Tantas navidades como vidas. Tantas vidas como circunstancias. En efecto eso es lo que hay ahí afuera. Puede que haya quien, dentro de lo que cabe, ha visto como cada paso planeado le llevaba al siguiente. Y ese al siguiente. Un ritmo armonizado que reporta satisfacción por las cosas bien hechas. Y en efecto, las cosas se hicieron bien. Y funcionaron en esa concreta frecuencia. Planeó su vida y encajó. Y hoy por hoy tiene sus esquinas protegidas y sus cabos bien atados. Cuando uno se esfuerza por ello, estudia, se forma, trabaja, lleva sus relaciones con inteligencia, forma una familia responsable, cuida de su casa,... pone sobre el mantel un esfuerzo patente, nada sencillo, pero tremendamente fructífero. La recompensa está ahí y el orgullo del propio éxito. Pero también puede que haya quien, tras haber hecho exactamente lo mismo, ha visto sus pasos truncados o virados a izquierda o derecha. También hizo cuanto estuvo en su mano y más, pero como dije antes, la vida es imprevisible en numerosas facetas y no le quedó más remedio que contemplar opciones diametralmente opuestas a eso que he llamado convencional, planificado, habitual,... 
   Choca. Choca tomar decisiones que nos despeguen del terreno conocido. Choca hacer cosas que a "a la gente" le puedan resultar extrañas. Choca sacar los pies del texto e improvisar. Nos choca a nosotros y al exterior, aunque lo realmente difícil e importante es prescindir no ya de las opiniones ajenas, sino de la sempiterna duda que llevamos dentro. Cuando todo se sale de lo que conocíamos, de nuestro control, nos sentimos extrañísimos. Abatidos y deprimidos incluso, porque eso que hemos de hacer no es lo que nos hacía sentir bien y en confianza. 
   La cuestión es que ciertamente hay vidas tremendamente distintas y no siempre es sencillo encajarlas. Ni por nosotros, ni entre nosotros. Y es aquí cuando afirmo que para aquellos que viven en el seno de una cierta tradición resulta raro o cuestionable aquello que se sale de lo habitual. El no haber visto -o sufrido en propias carnes- que la necesidad obliga y que a veces hay que rehacer sobre la marcha provoca que suelan acogerse a ese "las cosas se hacen de otra manera". Y en efecto yo les digo que sí, que las cosas se hacen "también" de otra manera. Y que siempre hay razones y opciones de ello y para ello. Y son igualmente válidas. A veces, más. Y necesarias. E incluso imprescindibles para subsistir, para seguir adelante y para ser feliz. Y les digo que las cosas se hacen como se puede, como se sienten, como se necesitan, como nos hacen felices. Y que eso es realmente lo único que importa.

   No sé si seré Mahoma predicando en el desierto, pero simplemente lo sé. Que aquellos que habitan a ese lado entienden con dificultad la otra orilla. Que los que abandonamos aquel lado aprendimos a marchas forzadas y percibimos rápidamente, y sin remisión que recibiríamos la incomprensión y la crítica -más o menos grave-, por ciertos gestos. Que echárselo a la espalda y que no nos duela es muy, muy difícil. Y que las cosas, las relaciones, las emociones, los sentimientos,... han de ser mucho más naturales, fluidos y desencorsetados. Lo sé ahora, claro que lo sé. Y vivo con ello.






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