ME DOY CUENTA DE MÍ

      Me he dado cuenta de que no soy una chica de las de ayer, de ideas tradicionales, juicios ajenos, ni opiniones calzadas en escuadra. Que hace mucho que el sota, caballo y rey no me dicen nada en absoluto. Que eso de que para llegar a ce has de pasar antes por a y por be tampoco me convence. Que el si no estás conmigo, estás contra mí me resulta simple y peregrino. Que la moralidad, la idea de lo correcto y lo incorrecto, de lo bueno y lo malo,  para mí no tiene nada que ver con lo que se enseña en sociedad. Que aprendí que entre estar sola y en soledad hay una gran diferencia. Que la vida no ha de ser necesariamente como la imaginamos de niños, en función de cómo observábamos la de nuestros padres. Y que las opiniones ajenas cuando me sucede algo serio rara vez casan con la mía.

       Me he dado cuenta de que tampoco soy una chica de las de hoy, de un carpe diem mal traducido, de un todo vale y cualquier cosa me sirve. Que lo perecedero no siempre es mejor por renovable. Que pasar a la siguiente fase sin dolor alguno no me resulta factible por el mero hecho de que la vida sea así. Que aunque a mi edad ya sé que es el presente lo único que importa, quiero que sea bueno y verdadero. Que la inmediatez no me la creo, porque es opio para un rato y una masa voluble en estado puro. Que la falta de compromiso me decepciona y no me llena. Y que lo que no forma raíces me pone muy, muy triste.

      Me he dado cuenta de que soy un tanto ecléctica. Que soy de manta, sofá y larga conversación; y de locuras, taconeo y largas pestañas. Que me gusta el rock y la música clásica. Que visto de seda o de cuero, según el día. Que cocino para veinte o no abro la nevera. Que me encierro en mis letras o me vuelvo loca ante los trapos, según mis necesidades. Que paso de ser tierna a ser un volcán en llamas en minutos. Que mi mente centrada se descentra al mínimo dardazo. Que mi seguridad es insegura. Y mi inseguridad disimula pisándose bien fuerte. 

      Me he dado cuenta de que mi corazón cuenta con dos niveles de profundidad que no todos ven. Que en el primero soy de todo el mundo, para todo el mundo, por todo el mundo. Pero que me entrego en cuerpo y alma tan solo en el segundo. Tan solo a unos pocos, a quienes son muy míos, a quienes me descubren mi sombras, me quieren con ellas, me muestran también las suyas y me dejan compartirlas; a los que me roban el alma pero no se la llevan consigo, sino que se quedan para verla engordar. Para hacerla crecer, de hecho. A quienes no tienen miedo ni de sí, ni de mí, ni de la vida, aunque a veces tiemblen de pavor y lloren amargamente.

       Me he dado cuenta de que generar -sana- necesidad de mí a mí también me es muy preciso. Que aunque autónoma, necesito que me cuiden. Que me cuesta delegar y dejar las decisiones en otras manos, y que cuando sé que conozco la fórmula y no puedo aplicarla me pongo roja de ira. Que soy capaz de estallar de dolor hasta salirme de la órbita y de tener la calma más plácida del mundo en los momentos más críticos. Que me dedico a enseñar y estoy siempre con hambre de aprender. 

      Me he dado cuenta de que las cosas no siempre son como uno quiere. De que uno no puede hacer siempre lo que quiere, cuándo quiere, cuánto quiere. Pero que al final voy a hacer siempre lo que me dé la gana, porque como bien dice mi madre: "no hay quien te gane a obstinación ni tesón". Que siempre hice lo correcto siendo totalmente imperfecta. Y que cuando hago lo incorrecto tampoco pasa nada. Que me saca de quicio que cuestionen mis cosas, que hace tiempo que dejé de meterme en asuntos ajenos y no son de importancia, que si yo no pregunto, no me juzgues tú a mí. Que saltarme las reglas es algo que practico cada vez más frecuentemente. Que me pongo de peineta ciertos asuntos cuando sé que hay un bien superior que alcanzar. Pero que lo hago de manera ordenada, como quien no quiere la cosa, como nos enseñaron nuestros mayores, con la cortesía por bandera y las distancias justas. Como la chica de ayer que nunca fui y la de hoy con quien no encajo. Que quien me ve, pero no sabe fijarse puede llevarse una idea muy errónea de mí. 

      De todo eso me doy cuenta. Me doy cuenta de mí.







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