SEIS VISTAZOS AL AMOR VERDADERO



Jason Wong Art



I

Los príncipes son azules porque se asfixian en sus propios tormentos. Suelen ahogarse en diminutos vasos de agua repletos hasta el mismísimo borde de la paciencia de alguien más, toda vez que ellos mismos van metiendo el hocico. Primero un poco. Luego otro poco. Y luego otro. Y otro. Y de pronto se relajan y sueltan la lengua hasta el fondo. Y, ¡zas!, el vaso estalla y se les clavan los cristales en la campañilla. Ahogados. Azules. Caput.


II

Cupido es en realidad un bajito acomplejado que no sabe qué hacer con su pelo. Estuvo intentando conseguirse a una tía cañón para sentar la cabeza. Trató de ligarse a una. Luego a otra. Después a otra. Nada. "Eres muy mono, pero te veo como amigo". Se replanteaba qué pasaba, dónde estaba el problema. Cambiaba de look, se engominaba el pelo, se enfundaba en un traje elegante tras subirle el dobladillo al pantalón,... lo normal. Pero nada. Hoy ha dedicido desenconsertarse. Pelo suelto y semidesnudo. Y el muy cabrón va clavándosela de frente a todo aquel que le puede hacer sombra cada vez que ve una tía que a él le habría gustado ligarse. "¡Aquí no ama ni Dios!", dijo un día. Le pusieron una amonestación, por cierto. 


III

Celestina está un poco hasta los mismísimos misterios de estar día y noche arreglando entuertos. Últimamente la gente encuentra que no se esmera en su trabajo. No sienta bien las bases, no acierta mucho en compatibilidades. Los empareja, sí, pero no le duran mucho. El otro día llegó un antiguo cliente y le puso una reclamación.

- "Celes, hija,... ¡que no me ha durado ni la luna de miel! La muy zorra se ha liado con el guía turístico". 
- "Ay, mira, ¡qué quieres que te diga! Vosotros estáis muy tontos y yo muy cansada. Yo lo que quiero es tomarme vacaciones.

Celestina vive ahora en Benidorm. Tiene un par de novios octogenarios. Toman el sol, terracean y bailan los domingos. ¿El resto del mundo? Así está, manga por hombro.


IV

La princesa asomó su larga melena por la pequeña ventana de su dormitorio. Allí arriba, en la torre. Era preciosa, dorada, brillante. En perfecta sintonía con sus enormes ojos claros y su boquita de flor de pitiminí. Desde el suelo su novio la miraba con ojos golositos. "Baja que nos vamos, dijo". No podía. Estaba castigada porque llevaba tres fines de semana llegando a casa tarde. ¡Bueno estaba su padre! 
 - "Pues tira tus trenzas y trepando subo por ellas". 
 - "Sí hombre, que me acabo de gastar trescientos euros en extensiones esta semana, de eso nada".

   Él la ha plantado por insoportable. Ella cada vez es más diva. Ahora está saliendo con un tipo llamado Cayetano y que tiene barco, aunque está un poco hartita de tanto navegar y tanto sol. No gana para crema antiarrugas.


V

Es un auténtico donjuan. Cautiva con sus palabras melodiosas, siempre rítmicas, siempre esmeradamente escogidas y dichas en el momento más apropiado. ¿Y su elegancia? Suprema. Impoluto. Perfumado de un modo,... ¡mmm! Sabe mirar. Sabe besar. Ella está que se derrite por sus huesos, aunque sabe que es bastante picaflor. De hecho, suele encabronarse bastante con ese tema. Pero él se las ingenia para metérsela en el bolsillo de nuevo. Por fin llega la gran noche. Se prepara velada romántica y,... ¡qué nervios! La recoge en su casa. Cenan opíparamente. Suena la música. Y se retiran en lo más alto de la velada. Y una vez entregados al amor,... ¡nada! Pero de nada. Ni visto, ni oído, ni entendido. ¡Nada! Ella trata de no darle importancia. Él parece agobiarse en inicio, pero le dura poco. En realidad está pensando que mañana ha quedado con otra. Y pasado con otra. Igual que ayer y que anteayer. ¡Su lista va que se mata!

VI

"No pude casarme con nadie mejor", dice él siempre. Y tiene razón. Ella es el epítome de la esposa perfecta. Trabaja en su casa, la que por cierto brilla impecable. Cocina como los dioses. Siempre te recibe con una sonrisa. Tiene un gusto excelente y nunca te falta una atención con ella. Además es guapa, de conversación inteligente, elegante, ingeniosa. Ella deslumbra donde va, con una mezcla de espontaneidad y discreción. Ella es la anfitriona perfecta. La amiga perfecta. La madre perfecta. La esposa perfecta. Ella es feliz. Ella tiene una novia que se llama Nuria y es profesora de Pilates. Se ven dos veces por semana.






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