DOS MUNDOS DIFÍCILES DE ENCAJAR

   Vengo hoy con un tema un tanto extraño. Se trata de una conclusión a la que he llegado después de un número indeterminado de vueltas a mi cabeza y de experiencias. Algunas que borraría, claro, si no fuera porque me han hecho aprender lo que no está escrito. A priori os advierto que es una cuestión que puede resultar difícil de comprender y de encajar, porque también a mí me resulta complejo de explicar. No es algo tangible, ni algo que se perciba a la primera de cambio. De hecho, en algunos casos nunca ocurre. Así que a ver cómo me las arreglo para hacéroslo llegar. 




    Creo que existen dos mundos bien diferenciados que ruedan paralelamente. Y del mismo modo creo que hay personas que viven en ambos a un mismo tiempo. Sé que suena muy metafórico, pero seguidme, por favor. Dos. Dos mundos que no podemos ubicar espacialmente, ni diferenciar físicamente. No hay nada que los señale, que marque su presencia, ni que separe el paso de uno al otro. Pero existen. Estos mundos no se mezclan entre sí, poseen peculiaridades propias y bien definidas. Y, ¿cómo son? Imaginemos ahora la silueta del mundo y partámoslo en dos partes iguales. Obtenemos el mundo de la izquierda y el mundo de la derecha. Vamos a asomarnos. 
    El mundo de la izquierda es absolutamente visible.  Es el que conocemos y se ve a plena luz. Está habitado por todos nosotros, bajo las normas, las costumbres y las leyes que creamos y conocemos. Tiene bien establecidos el concepto del bien y del mal, de lo moral y de lo inmoral. Cuando algo se sale de madre, suele ver cómo ponemos todos el grito en el cielo, tomamos cartas en el asunto y tratamos de poner remedio. O no. Afortunadamente no ocurre en exceso y cuando lo hace, la opinión pública, la prensa, los círculos sociales privados, el entornos de cada uno suelen recoger la noticia. Se trata de casos inevitables, pero que naturalmente nos gustaría impedir. Desmanes y crueldades de algún desgraciado que otro. La cara negra del ser humano, sí. ¿Es un mundo bueno? Muchos opinan que no. Que está corrompido, adulterado, deshumanizado. Que los seres humanos somos imbéciles, egoístas y destructores. La cosa es que tal y como están las cosas, estamos todos hechos y acostumbrados, a vivir bajo ese sistema específico.
    El mundo de la derecha es infinitamente menos visible que el otro. Más que eso, diría. De hecho es únicamente perceptible para algunos y tras circunstancias muy concretas. En él habitan algunos de los ciudadanos del otro mundo. Por lo tanto lo hacen de forma paralela y de una manera muy, muy discreta. Tanto, que hay personas que nunca llegan a enterarse de que esos seres cruzan la frontera de un mundo al otro tan alegremente. Y, ¿qué ocurre en este mundo?, ¿cómo es? Pues veréis. En este mundo, se eleva al límite la forma de vivir las cosas, pero las cosas más oscuras. Lo políticamente incorrecto, lo inmoral, lo secreto, lo reprobable. Muchos podríais pensar que me estoy refiriendo aquí al mundo del mal, pero no es así de simple, porque recordad que en el otro mundo, en el de la izquierda, también había maldad y malas acciones. No se trata por tanto de que este sea el mundo en el que se alojan los malos, no. No es tan sencillo. Se trata más bien de que aquí las cosas pueden llegar a unas cotas que en el otro mundo no nos podríamos imaginar. A este mundo vienen los seres que podríamos llamar "normales y corrientes", seres que habitan con cierta naturalidad en el mundo de la izquierda. Seres que ya asoman allí con alguna que otra salida de pata de banco, sí, pero que aunque criticable, entra dentro de lo que se puede encajar. Pero cuando pasan la frontera, aquí sacan los pies del tiesto hasta unos límites insospechados. Y es que en este mundo se alojan la falta de escrúpulos, la falta del sentido de culpabilidad y lo más importante, la ausencia de capacidad para ver la dimensión, gravedad y consecuencias de los propios actos. Es un mundo de ceguera absoluta, donde todo vale, todo sirve, todo puede ocurrir,... Si estáis pensando quiénes pueden habitar en él, os pongo un ejemplo. ¿Sabéis esa expresión que a veces decimos de: "sabía que había algo turbio en ese asunto o en esa persona, pero jamás pude imaginar que era tanto, ni tan sucio"? Pues en esas estamos.
    Así que sí, tengo la certeza de que existen dos mundos habitados a la vez por algunos. Los seres de a pie, los que pasamos la vida solamente en uno de ellos, en el visible, podemos llegar a pasar nuestra existencia sin asomarnos al otro. Sin saber siquiera que existe. Y desde luego sin llegar a darnos cuenta de que algunas de las personas que nos rodean viven también en el otro durante toda su existencia. Muchas son las personas que viven una versión muy naif de la vida. Personas que no alcanzan a saber, ni a ver jamás. Que se les hace inviable. Que se escandalizan si les insinúas que determinados comportamientos de gentes tremendamente retorcidas están a la orden del día. Otros seres, en cambio, atravesamos circunstancias concretas que nos enseñan sin anestesia ese otro mundo. Traspasamos la frontera a veces, pero como meros espectadores para comprobar que sí que es cierto, y que algunas personas que conocemos tienen una vida realmente turbia. Pasamos la frontera para ser testigos, para recoger la información precisa y volver con ella al otro lado. Pasmados a veces, en shock otras, pero desde luego con los efectos de un estallido de realidad en plena cara. Y por más que contáramos la experiencia, no sé si se nos creería o si llegaría a entenderse la dimensión de la que hablamos.

    Es absolutamente cierto eso de que la realidad supera la ficción. Sé que del mismo modo que el hombre puede ser angelicalmente bondadoso, puede llegar a lo más negro y espantoso. Lo sabemos todos. Pero no sé si me preocupa más este otro caso del que hablo. El caso de personas que cumplen años, uno detrás de otro, con la imagen de habitantes del mundo visible de la izquierda, y que son clientes destacados del otro. Sin que nadie sepa de la misa la media, ni de la media la mitad. Nadie está prevenido. Nadie puede protegerse. Nadie advertido. Y ellos,... campando a sus anchas. Así que, dado que yo, por hache o por be, soy conocedora de esto, me he dispuesto a contarlo. Y desde aquí os digo que estéis atentos y que penséis que, cuando algo se os hace sospechoso y opaco puede que lo sea hasta un punto que ni imagináis. 


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