RELATOS ENCRIPTADOS: La discusión

- A mí me dan exactamente lo mismo tus razones. A ver, no me dan lo mismo, claro que las respeto, valoro, aprecio,.... De hecho, creo que son.... Bueno, es igual, que no me hacen sentir convencida de nada, ni conforme, ni de acuerdo. Porque son tus razones y no las mías, y porque a mis años, yo creo que le he declarado la guerra a aquello a lo que se me obliga por el artículo treinta y tres. Sí, eso es. Las mordazas, las vendas, las ataduras de pies y manos, las llevo francamente mal. A lo mejor es porque he tenido que tragar y tragar ya tantas cosas que he cumplido mi cupo. Y ya no trago con más decisiones de las que no soy partícipe. A lo mejor es eso, sí. Que las gasté antes de tiempo y ahora no me queda ya gran cosa en la reserva. Como yo no lo vea, ya puedes vendérmelo envuelto con papel de regalo y con un lacito, que no va a haber nada que hacer. Nada. ¡Qué le voy a hacer! Y sí, claro que me vas a oír discutirlo, debatirlo e intentar pelearlo, pero no veo yo que vaya a quedar satisfecha con el asunto ni que acepte de buen grado. Si no hay forma, me guardaré el pensamiento al respecto y haré de mi capa un sayo. ¡Qué remedio! Y no, no es una chulería ni una amenaza, es que no me gusta que me silencien ni de palabra, ni de obra, ni de pensamiento. Ya deberías saberlo. O no, ¿quién sabe? Pero en fin, que las decisiones de cada uno son muy respetables, así que, precisamente por eso, te digo que las mías también. Te pongas como te pongas. Digas lo que digas. Y creas lo que creas. 

- La verdad es que no entiendo por qué tienes que ponerte así solo porque te digo que no quiero salir de casa. 

- Porque, cariño, permíteme que te diga, no es que no quieras salir de casa, es que no quieres salir del cascarón. Y bien que asomas la cabeza afuera para decírmelo y venderme la moto. Tú dentro del cascarón y yo rabiando, fíjate tú qué rareza la mía. Que yo solo quería salir de casa a bailar contigo.



Erick Oh





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